hasta siempre, Arturo Corcuera

Antonio cisneros

Para el más grande poeta del Perú (Antonio Cisneros)

“Todo Adán, casi todo” – artículo que reproducimos aquí con la autorización de la familia - fue publicado en 1975, en la separata número 17: "América Latina en su literatura" de la revista académica Acta Litteraria Academiae Scientiarum Hungaricae, teniendo como ocasión la edición de la Obra Poética de Martín Adán por el Instituto Nacional de Cultura, 1971. La separada llegó poco tiempo después donde Adán con la dedicatoria que titula este post ("Para el más grande poeta del Perú, agradecido. Antonio Cisneros". Lima, noviembre de 1976). No era la primera vez, unos diez años antes, el autor de "Canto ceremonial contra un oso hormiguero" le dedicó el poema "Canto a Martín Adán." Ese mismo año, pero en versión reducida, vuelve a publicarse en "Lugar común", el suplemento cultural de la revista Mundial. Luego, poco después, será varias veces citado por Oswaldo Chumbiauca en su famoso entrevista.Las notas son del autor. 

Publicado: 2016-10-13
“Todo Adán, casi todo” – artículo que reproducimos aquí con permiso de la familia - fue publicado en 1975, en la separata número 17: "América Latina en su literatura" de la revista académica Acta Litteraria Academiae Scientiarum Hungaricae, teniendo como ocasión la edición de la Obra Poética de Martín Adán por el Instituto Nacional de Cultura, 1971. La separada llegó poco tiempo después donde Adán con la dedicatoria que titula este post ("Para el más grande poeta del Perú, agradecido. Antonio Cisneros". Lima, noviembre de 1976). No era la primera vez, unos diez años antes, el autor de "Canto ceremonial contra un oso hormiguero" le dedicó el poema "Canto a Martín Adán."  
Ese mismo año, pero en versión reducida, vuelve a publicarse en "Lugar común", el suplemento cultural de la revista Mundial. Luego, poco después, será varias veces citado por Oswaldo Chumbiauca en su famoso entrevista. 
Las notas son del autor.

                                                Todo Adán, casi todo 

Por Antonio Cisneros. 

Cuando un diario limeño, hace unos meses, preguntó a algunos] poetas – cuál era el libro de poesía más importante del Perú en los últimos 10 años, las respuestas varias fueron y variadas. Por mi parte y sin duda alguna – cosa rara – elegí este libro de Adán (1) que ahora los ocupa y me preocupa. En medio de una encuesta donde la novelería y la justa novedad se sucedían la respuesta – lejos mil de mi intención – llamó a las moscas. Alguien afirmó que nadie podía pretenderse escritor joven y al mismo tiempo resucitar a Martín Adán. Otro, conocido positivista del XIX, echó mano al jocoso y gastado rosario: metafísico / cogito = ergo = reaccionario / sum, etcétera (sum, sum). Y un par más fueron desconcertados por la nueva de que el viejo poeta aún vivía. Para bien o para bien Rafael de la Fuente y Benavides [sic]-  Martín Adán o viceversa – nos confronta, despierta, desconcierta como un relámpago secreto y deslumbrante desde hace medio siglo.

En el año 28 Checoslovaquia tiene apenas 10 años de existencia. Brecht, Breton, Eisenstein, Chaplin, Neruda, Pound, Vallejo, Joyce organizan, desorganizan y organizan el mundo una vez más. La U.R.S.S. ha iniciado su plan quinquenal. Se vislumbra el crack del 29. El fascismo – vasto vuelo de buitre – entra en escena. Todos los ismos campean y algún aus – Bauhaus sea el ejemplo. Tiempos bellos y feroces de entre guerras. Esplendor de las vanguardias. En el año 28 Adán publica La casa de cartón (2). Breve libro hermoso y fundador. Tras la trama aparente del relato desfilan – en tropilla – las maneras y verbos del momento: poesía fingiendo alguna historia, prosa armada en imágenes, escritura que ríe de sí misma, iconoclasta en la forma, vanguardista, libro inclasificable que los estudiosos llama – a media voz – novela (sin llegar a convencerme ni ilustrarme). De todos modos – y aquí no cabe duda – entre las memorias, los maltrechos personajes, la piedad y el sarcasmo de un mundo que termina – y a esto volveremos, apreciado lector – M.A. inserta un grupo de poemas, visibles como tales y llamados Poemas Underwood (3): nomen ya flor del futurismo que se extiende en los versos, amén de varios ismos, como el joven autor: lenguaje negándose: Rafael de la Fuente y Benavides trocándose en Adán.

Si usted circula por los cafetines y bares y chinganas de la Lima más vieja y carcomida tal vez pueda encontrarlo. Abrigo de lana negra, desgreñado, sucio diría, un vaso de aguardiente entre las manos, perdido y destacado en el montón. ‘Ya conozco la historia’, me dirá. Y le diré: ‘No se confunda’. No es el bohemio de existencia literaria, no el de fines de semana. Tampoco es el suicida de vitrina, ni el ingenioso de la tertulia, ni el dramático del clan. Solitario sin café de intelectuales, anodina presencia entre anodinos, otro peruano. Sin embargo, quien sórdido deambula contra lucrum y laurus también fue, hace ya muchos años, un dilecto estudiante del exclusivo Pensionat de Cluny y de la Deutsche Schule, promotora de élites por entonces. Vástago de una antigua familia limeña, aristocrática de nombre y casi de fortuna, llegó muy tarde al mundo. Es decir, cuando la vieja armonía civilista (4) cedía al caos, al estreno industrial y a los conflictos, a la muerte de una Lima parroquial de familias amables y decentes: fin del paternalismo, despertar de crisis y conciencias. No estoy seguro sin entonces M.A. comprendía el meollo de los inquietos embriones sindicalistas, el flujo de hambreados provincianos que a la risueña Ciudad de los Virreyes tornaban en una extensa aldea, pero pronto percibió la diferencia entre las apacibles maneras de los suyos y la febril incoherencia de los burgueses nuevos, tan lejos de París – o de Madrid – y al pie de Nueva York (Huelga decir que en esos días Madrid – Alfonso XIII, Primo de Rivera, la zarzuela – se encontraba muy lejos de Madrid). Hay, como el lector apreciará, un conflicto a las puertas: M.A. no se reconoce entre los nuevos grupos de poder y a los suyos renuncia. Nombrándose como al primer hombre – Adán, el sin origen – arremete burlón contra sus memorias más cercanas, contra el nuevo poder, su medio pelos, sus valores de alfeñique y de papel. La Casa de Cartón aparece prologada por Luis Alberto Sánchez, entonces izquierdista, (5) y José Carlos Mariátegui, fundador del Partido Comunista, escribe el colofón. A todas luces, el debut de un desclasado. En el reino de la anécdota moral y del realismo la novelita, sostenida sobre todo por el verbo, fue azás incomprendida. Una década después su tesis De lo barroco en el Perú (6), sólido y brillante ejemplo de inteligencia y anti-academicismo, causó feroz revuelo entre los apolillados profesores de ese tiempo. ( 30 años pasaría bajo el Rímac hasta ser publicada.) Así mismo, su producción poética – desde el 28, en la célebre Amauta, (7) hasta algunos años – ha conocido un día sí y otro también la incomprensión, la mezquindad, el silencio. Con excepciones, por supuesto.

Aparte de La casa de cartón y los Underwood hay, por esos mismos años, algún par de poemas de corte – alma y pellejo - netamente vanguardista como Gira:

a noventa kilómetros por hora
en el espejo de la mañana atrasada 
las vaquitas de ojos de viento y tul morado
de usted señora no me convence los ojos 

una chimenea anarquista arenga a los campos campesinos (8)

Etcétera. Pero ahí terminarían sus andanzas con las huestes de Dadá y del Futuro. Al fin y al cabo, chispazos como “un automóvil es más bello que la Victoria de Samotracia” (9) – audacia de sus tiempos sonrisa / con esfuerzo, de los nuestros – eran muy poca cosa para el profundo conflicto de M.A. y su densa respuesta. Una vez rota su alianza con el mundo organizado y el lenguaje, Adán empieza a ser Adán.

Ya por el 26 César Vallejo pedía el retorno a las formas eternas con contenidos nuevos. Sin embargo, es a M.A. quien corresponde el cabal desarrollo del camino. Su primer libro de poesía, La rosa de la espinela (10) es una estructura de 10 décimas, maestras de rigor y fortaleza. Travesía de extramares  (11), el siguiente, contiene medio centenar de altísimos sonetos de Toscana, 11 sílabas, manes de Petraca y de Boscán. Antes de estos volúmenes, y de consuno con el Mester de Vanguardía, en Amauta aparecieron unos alejandrinos de toda ley. Uno del año 28 – Itinerario de Primavera – cierra con estos tercetos:

- El peligro venéreo de la estrella madama
en aderezos falsos, en quimono, en la cama…
- Dos quepís se la llevan de las manos sonoras. 

Cucharillas de plomo frustran la luz perfecta,
la Suzanne de a mi lado se pone azul, abyecta, 
y anclan en mi jarabe las barcas pescadoras. (12) 

Mariátegui lo presente como sigue: “Ahora sí podemos creer en la defunción definitiva, evidente, irrevocable del soneto. Tenemos, al fin, la prueba física, la constancia legal de esta defunción: el antisoneto. El soneto que no es ya soneto. Sino su negación, su revés, su crítica, su renuncia. Mientras el vanguardismo se contentó con declarar la abolición del soneto en poemas cubistas, dadaístas o expresionistas, esta jornada de la nueva poesía no estaba aun totalmente vencida. No se había llegado todavía sino al derrocamiento del soneto: faltaba su ejecución… Martín Adán salió en busca del soneto, para descubrir el anti-soneto…” (13)

Y termina diciendo que estamos en el reino del disparate puro. Y al disparate le otorga una función revolucionaria. Mariátegui es el marxista de los 20. Su sensibilidad, tratándose del arte, lo acerca a la vanguardia, a los experimentos de su tiempo. Su aparente desdén por Dadá o el surrealismo nada tiene que ver con un reclamo de la didáctica contra la oscuridad, del optimismo contra la decadencia. Al contrario, les reprocha no llegar a la audacia final. El soneto en cuestión se ha organizado entre un lenguaje de estirpe surrealista y una severa armadura tradicional. Esa tensión, producto de las oposiciones, habrá de ser una de las características – y logros – fundamentales del poeta. Tan abstracto y concreto como un puño cerrado. Un vocabulario solemne y el argot. Erudito y vital. Claro y Hermético. Simple y complejo es el humano. Versiones todas de la errante existencia entre 2 polos que sólo se resuelven, como diría Octavio Paz, con la fundación por la palabra.

De la década del 20 M.A. va a heredar – de sí mismo – una definitiva libertad frente al lenguaje, pero las maneras de los ismos, como ismos, “esas, no volverán”. El desarrollo de las formas permanentes – la décima, el soneto – irá acondicionándose a un lenguaje y a un ritmo conceptual que, de algún modo, podemos, a su vez llamarlos permanente. “Una tendencia espontánea al orden”, dice Mariátegui (14). Sebastián Salazar Bondy nos recuerda: “que mientras más desordenada y lejos de las convenciones fuera su existencia, más intensamente su obra contuviera la adhesión al verdadero pensamiento tradicional. Su rebelión fue contra la falsificación, no contra el meollo central de la conducta inmemorial, de auténticas jerarquías y respetuosa de la individualidad singular.” (15)

Así, el asidero de un par de caligramas o algún automatismo dejan de convertirse en moneda franca. Con Vallejo e Hidalgo es el primero en llegar a la vanguardia y el primero es Adán en descartarla.

Heme triste de belleza,
Dios ciego que haces la rosa,
Con mano que no reposa Y de humano que no besa.
Adonde la rosa empieza,
Curso en la sustancia misma,
Corro: ella en mí se abisma:
Yo en ella: entramos en pasmo
De dios que cayó en orgasmo
Haciéndolo para cisma (16) 

Cauce, décima de un poemario fundador, ofrece en gran medida la problemática que recorre el resto de sus libros. Un lenguaje barroco – alquimia de palabra y pensamiento – que llama al gozo de los verbos y los nombres. Y al mismo tiempo la evidencia de su propio abandono y desnudez. Monólogo que porta la pregunta y la respuesta. La belleza buscada – la creación – que una vez capturada se deshace. Siempre ese andar tras la certidumbre y la certidumbre de no poder hallarla.

Poesía no dice nada:
Poesía se está callada,
Escuchando su propia voz.  (17) 

Esta paradoja, colofón de Travesía de Extramares, negada no sólo por la existencia del propio libro sino por su gran obra, carece del valor enunciativo que, a primera vista, se le puede otorgar. Más bien – y pensando en su momento – M. A. renuncia al poema didáctico o retórico, a la poesía municipal vehículo, instrumento y no finalidad. Al mismo tiempo, y sobre todo, es la fugacidad plasmada en el instante. El intento fallido, siempre imperfecta, de atrapar la realidad en el lenguaje. Lucha inmemorial de la poesía. Regreso a la Caverna de Platón. En el prólogo que M.A. destina al libro Tren de J. A. Hernández nos anuncia: “la obra que será eterna, la de la poesía; la poesía sin poética, la poesía sin musa; poesía monstruosa, como es la poesía” (18)

Y aunque la relación entre poeta y poesía, como espina de fuego y no cual reflexión, atraviesa los campos de su obra, mal podría decir que es su bandera poetizar sobre la poesía. Esta conciencia de hallazgo y pérdida de lo inefable (“deseándola deshójase el deseo”) se establece en un núcleo más amplio y esencial: su propia realidad y su presencia. El desgarramiento entre 2 universos, 2 lenguajes. La necesidad y al mismo tiempo la imposibilidad del testimonio. No sólo la realidad y su fugacidad rehúyen la palabra. La existencia misma se desdice con el tiempo que pasa. La búsqueda del infinito, del absoluto, “el ángel de las incendiadas” (Baudelaire). Y el infinito, sin embargo está vedado.

Eres la Rosa misma, sibilina
Maestra que dificulta la esperanza
De la rosa perfecta, que no alcanza
De aprender a la rosa que alucina. (19)  

El símbolo de la rosa, arquetipo del instante que perece sin lograr ser vivido ni nombrado, se desenvuelve con inédita reiteración entre los versos de sus primeros libros. La piedra habrá de sucederlo en La mano desasida (20) un canto a Machu Pichu. Antes publica Escrito a ciegas. Poema confesional cuyo pretexto es alguna respuesta epistolar:

¿Quieres tú saber de mi vida?
Yo sólo sé de mi paso, 
De mi peso,
De mi tristeza y de mi zapato. 
¿Por qué preguntas quién soy, 
Adónde voy? …. Porque sabes harto
Lo del Poeta, el duro
y sensible volumen de ser mi humano,
Que es un cuerpo y vocación,
Sin embargo 

…………………………………………………………….

Tú no sabes nada;
Tú no sabes sino preguntar, 
Tú no sabes sino sabiduría 
Pero sabiduría no es estar 
Sin noción de nada, sino 
proseguir o seguir 
A pie hacia el ya. (21) 

Del verso libre – aunque a saltos crispado y resbaloso – también ha de hacer uso en La mano desasida. (Lo que no impide, 6 semestres más tarde, una docena de clásicos sonetos en la revista Amaru (22)). El Machu Pichu de Martín Adán nada tiene que ver con la imaginería épica y lujosa de Neruda, y poco tiene que ver con Machu Picchu. Es un arquetipo frente al cual, como en un espiral, desenreda preguntas y respuestas.

¿Qué eres tú, Machu Picchu, Almohada
de entresueño?
¿Yo mismo,
Si me acuerdo y no me acuerdo?
Era caudal de piedra, Detenido. (23) 

La piedra es la nueva rosa del camino. El desgarramiento es todavía el mismo. Aunque más hondo, más duro y más exasperado: el inútil hondero contra el cielo. Poesía metafísica, de esencias, donde Machu Picchu es sólo Adán (“Tú no eres bello porque no soy bello”) y el símbolo del absoluto no alcanzado. Pero el tono confesional de Escrito a ciegas se acrecienta, abandona su cauce, irrumpe en alarido.

¡Ay, piedra podrida,
Cómo me estoy muriendo! 

Machu Picchu,
Olvido y presencia, 
Muerte que murió, y otra vida,
Y mi oración y mi piedra 
Simple callar mío ante la cosa,  
Y la cosa humana, sobrehumana y cierta. (24) 

Frente a la gran nación de piedra M.A. agudiza la conciencia de su impotencia en el viaje condenado, de su indestructible pequeñez (“Ay, Poesía, Machu Picchu / Es mi sentido de que no soy nada”). Injuriándolo se injuria y se desangra. Este tono impúdico, diría, es una novedad y no la es. Es tan sólo – y es tanto – el cabalgar con más intensidad, con menos tiempo, por las mismas vertientes, duro ciclo, de 30 años atrás. Los sonetos de Mi Diario (25) son un círculo más en ese Infierno.

Vi comer el jamón a un muchacho. ¡Qué pena,
Rubén…. Mano que cuelgo y no come nada! 

………………………………………………….

¡Tantos dioses, Rubén, pero sólo dos manos!
¿Qué cerdo no me mira con sus ojos humanos?
¡Rubén, y ese muchacho que soy… el ausente! 

Poesía hermosa, inteligente. Por momentos oscura, siempre densa. De verbo fundador. Agonía de no poder ser Dios. La renuncia a la historia, al tiempo que nos hace y nos deshace, a la breve materia, a la humana comunión y su combate, son el eje de su ser-y-no-ser desbaratado, su inmensa soledad. Como dije de Swinburne: “a los ángeles se había ya negado y el diablo no hizo oferta por su alma”.

Esta opera omnia, compilada por Francisco Izquierdo Rios, nos devuelve la vasta obra dispersa del poeta – siendo lo más notable Aloysius Acker y el Dario de M.A. Laborioso buceo entre diarios y revistas del pasado o de vida más breve que una flor. Rescate también fundamental para los poemarios: sus agotadas ediciones – La rosa de la espinela o Escrito a Ciegas en no más de 200 ejemplares – se hallaban bajo el fuero fantasmal (Y tan sólo lamento la ausencia de Poemas Underwood, insertos en La casa de cartón).

Martín Adán ha vuelto entre nosotros. Nos sigue enriqueciendo y perturbando. Aun desconcertando. Hace 13 años – mi primer libro impreso en el bolsillo / en algún bar de Lima – cándido y vanidoso le pregunté: ‘¿Y quién es, a su gusto, el mejor poeta joven del Perú?’. ‘¿Poeta Joven? Soy yo, sin duda alguna’. Y se dio media vuelta, socarrón.

                                                         

                                                                                       Lima, noviembre de 1976 


_____________________________________________________________

(1) Obra poética. Instituto Nacional de Cultura. Lima 1971, 320 pp.  
(2) Impresiones Perú, Lima 1928 (1ra edición)
(3) Tal vez por participar de la estructura misma, no han sido considerados entre la Obra Poética. Error a todas luces, grave error. 
(4) Así se llama al período que, sucediendo al caudillismo militar, cubre al Perú desde el último tercio del siglo XIX hasta las primeras décadas del presente. Es el gobierno de la oligarquía de guano y de la tierra.
(5) Como dirigente aprista sufre las evoluciones de su partido: una social-democracia radical y de visos socialistas por los 30, convertida hoy día en el sostén principal de la derecha y del imperialismo.
(6) Universidad Nacional de San Marcos, Lima, 1968.
(7) Revista dirigida y fundada por José Carlos Mariátegui. Concentró, en la década del 20, los más altos valores del país y fue portadora de la inquietud revolucionaria estética y social.
(8) En Amauta, Nº 13, marzo 1928.
(9) Marinetti en el Manifiesto Futurista.
(10) Cuadernos del Cocodrilo, Lima 1939 (1ra edición) 
(11) Ministerio de Educación, Lima 1950 
(12) en Amauta, nº17, setiembre de 1928 
(13) en Amauta, nº13. 
(14) Ibid.  
(15) en Mercurio Peruano, Nº388, agosto 1959. 
(16) Obra Poética (O.P.), p. 11 
(17) Op. cit. p. 75 
(18) Lima 1931 
(19) (O.P.), p. 41 
(20) Editorial Juan Mejía Barca, Lima 1964. 
(21) (O.P.) pp. 81 y 96 
(22) Revista dirigida por el poeta Emilio A. Westphalen que reunió, hasta cierta medida, el criterio y creación de los 60. (Años antes, E.A.W. fue piloto de la importante revista Las Moradas
(23) (O.P.), p. 109. 
(24) Op. cit. p. 105. 
(25) en Amaru Nº9, marzo 1969



Escrito por

Isegoria

Sobre la vigencia de autores, su conexión con nuestro medio y, por ello, su valor público, económico y social


Publicado en

Barranco de cartón

Sobre Martín Adán, su relación con Barranco, Lima y Cusco.