no está satisfecha

Vivir es como morir; morir es como escribir un verso (Martín Adán)

Un Adán de 22 años habla de él y su poesía en un texto confesional que servirá de prólogo al poemario “Tren” (1931) de José Alfredo Hernández.

Publicado: 2016-10-06

Este haber de opinar me incita tremendamente a confesarme; y he de contenerme; y, como no puedo, he de escribir sobre el autor como escribiría sobre mi propia obra o sobre Martín Adán. Pues la materia, la circunstancia, la mente, casi son las que fueran mías. Así como José Hernández principié yo mi vida o ventura de escritor, hasta cuando no sé qué puso término de impotencia o de fatiga a mi actitud. 

Al ímpetu o voluntad inicial, que es lucidez, criterio, designio, sucede en el poeta un tiempo y un estado que bien puede llamarse de cloquera. No hay aquí plena conciencia acaso, pero sí extrema vida. El poeta tiene el ojo rojo y calienta el huevo de la maravilla. Es un tiempo inhumano o humanísimo, como prefiriere el atento. Es un tiempo animal, y esto baste. Es tiempo de beodez en el rincón. Es tiempo de antojo, tiempo de cenestesia. Es el tiempo sacro en que la realidad perecedera, la humanidad, se salva, se reforma y se echa, por fin, a picotear en la gusanería del mundo.

Vivir es como morir; morir es como escribir un verso. José Hernández está en el esforzoso principio, donde todo comienza, pero cercana, ya muy cercana, a la obra que será eterna, la de poesía; la poesía sin poética; la poesía sin musa; poesía monstruosa, como es la poesía. No puede haber inteligencia ¡ay, cuán tarde lo averiguo! sino en el deseo y en el desencanto. Todo goce es estupidez, furia y frenesí. Poesía es goce. El que se propone salvarse debe asirse bien a su grito.

José Hernández, felizmente, ignora aún tanta verdad melancólica. Sus poemas discurren serenos y bellos por tortuosos cangilones de poética. Hay angustia y profundidad de cauce, no de corriente. Nos hallamos ante un poeta de magnífico gusto, de excelente palabra. Impetremos para él la gracia de los dioses recientes, de los más violentos, de los más divinos. Esperemos confiados su descendimiento.

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José Alfredo Hernández (1910-1962), poeta peruano parte, junto con Adán, de los grupos Los Duendes y Areopago. Publicó luego, entre otros poemarios, Legislación de alma (1938) y Codicia de amor (Bs. Aires, 1946). 

Con Arturo Jiménez Borja y Luis Fabio Xammar funda la revista Tres.



Escrito por

Isegoria

Sobre la vigencia de autores, su conexión con nuestro medio y, por ello, su valor público, económico y social


Publicado en

Barranco de cartón

Sobre Martín Adán, su relación con Barranco, Lima y Cusco.