reconoce sus orígenes

¿Significará, acaso, que debo escribir versos mejores o peores?

Publicado: 2016-09-28

Visita Insólita de Poeta Insólito

                                                                               El Comercio, 19 de setiembre de 1956


Martín Adán se presentó en “El Comercio” para preguntar por qué le habían hecho académico.

Un hombre de fornida apariencia, en cuya vestimenta se destacaba una airosa bufanda de recios colores, penetró ayer, al mediodía, a la casa de “El Comercio”; y, merced a su requerimiento, fue conducido al despacho de uno de nuestros redactores, entrañable amigo suyo.

Tratábase de Martín Adán, nuestro extraño y admirado poeta, quien acaba de ser elegido miembro de Número de la Academia Peruana Correspondiente de la Real Española de la Lengua. Hacía muchos años que no venía a esta Casa.

- Visito “El Comercio” – expresó en primer término – para que me diga por qué he sido designado Académico.

- Sus razones habrá tenido la Academia – contestamos – Y luego tímidamente dijimos: Quizá ha tenido en cuenta tu estupenda producción lírica.

¿Qué producción?... – dijo con acento de duda, para añadir en seguida, con el mismo acento:

- ¿Un poeta elegido Académico? ¿Qué raro, no?

Y en realidad nada de raro tiene. Porque en la Academia Española como en la de Francia los poetas más ilustres ocupan y han ocupado sillones académicos.

Martín Adán continuó en la misma actitud interrogativa.

- El hecho de ser académico – manifestó - ¿significará, acaso, que debo escribir versos mejores o peores?

- Ni mejores, ni peores – replicamos-. Tienes que seguir produciendo “tus” versos, y nada más.

- Es que yo ya no produzco – anotó el poeta paradojal -. Y ni quiero producir; prefiero quedarme con mis meditaciones. Quiero seguir sufriendo y amando al Perú, yo sólo, sin compañía de nadie.

Luego, el autor de “La Casa de Cartón” y de “Travesía de Extramares” se quedó un largo rato en silencio, como distraído o abstraído. Dejamos de mirarlo para que continúe en sus vagares, cuando, de repente, como iluminado, y haciendo un gesto de insatisfacción dijo:

- Me disgusta la librea verde de los académicos. No me la pondré. Lo único verde que me gusta es el verde de nuestra selva. Y allá voy. Viajo a Pucallpa para beberme la selva; para traer la selva en mi mente, en mi retina, porque ya la tengo en mi sentimiento y en mis añoranzas.

Cuando un cronista le preguntó: ¿Por qué adoptó usted el seudónimo de Martín Adán? – contestó: No sea huachafo. ¿Eso a quién importa o qué importancia tiene? Soy Martín Adán; así me bauticé yo mismo; ahora resulta que soy más Martín Adán que Rafael de la Fuente y Benavides. Nadie me conoce por Rafael y nadie me llama Rafael ni de la Fuente y tampoco Benavides; se por qué soy Rafael de la Fuente Benavides; pero no sé cómo resulté Martín Adán.

El mismo cronista insinuó traer un fotógrafo. Martín Adán volvió a decirle: No sea huachafo, si trae al fotógrafo me voy.

Se puso de mal humor. Nadie, naturalmente, cree que un gran poeta como él sea capaz de la malacrianza; pero, lo dijo y el cronista tuvo que abandonar la idea de la fotografía.

- ¿Y tu incorporación a la Academia con tu discurso?

- Ni pensarlo. ¿Yo pronunciando discursos? Jamás. No lo hecho nunca. De eso voy a hablar con los q’ han sido elegidos junto conmigo. Almorzaré uno de estos días con Luis Alayza Paz Soldán que me ha invitado; y, si puedo, veré a José Luis Bustamante y Rivero, con quien trabajé en el Banco Agrícola de Arequipa.

- ¿Trabajaste alguna vez?

- Bueno… como si lo hubiera hecho, porque cobraba sueldo.

Ya en calma, el poeta entró a su tema de siempre. Los principales hombres del Perú. Los conoce a todos. Si no personalmente; por referencias o por su genealogía, en lo que es experto.

- Tú, por ejemplo, - dijo a uno de nuestros redactores – por el apellido que llevas eres pariente mío, de Rafael de la Fuente Benavides; pero, nunca serás pariente de Martín Adán.

¿Eso porque eres académico? – replicó el redactor, quien añadió: ¿Cómo te sientes ahora que eres académico?

- Muy mal – contestó Martín Adán – Porque me he levantado muy temprano, y tengo que ir a una cita incómoda.

Se incorporó bruscamente y se despidió con un abrazo del amigo periodista a quien había ido a visitar. Ya en el umbral de la puerta, al salir, dijo: Me voy desencantado porque no me han explicado por qué me han hecho académico.

Así se desenvolvió esta visita insólita de este poeta insólito del Perú y de América.


__________________________________________________

A mediados de los cincuenta, década de crisis y carencias para Martín Adán según Luis Vargas, la Academia Peruana de la Lengua decidió incorporarlo como Miembro de Número, reconociéndole, así, su autoridad en el uso del idioma o – en palabras de Mario Vargas Llosa – apostando por el genio de un autor cuya obra había alcanzado prestigio tempranamente, pero que en ese entonces era inhallable – ¿no muy distinto a la situación actual? - , con poemas desaparecidos (Aloysius Acker), textos dispersos (De lo barroco en el Perú) o casi míticos pues llevaban casi treinta años sin reeditarse (La casa de cartón). Quizá fue por esto mismo el asombro de Adán: su obra era inasible y ya no escribía. Para él, pues, este reconocimiento era tan insólito como para El Comercio fue la presencia del poeta días después en su sede.

De aquella visita nos habla la nota reproducida arriba, donde el desconcierto que conduce a Adán es evidente, tanto como su filuda ironía (¿Debo escribir mejor ahora?) y su apego por el Perú.

Consecuente con su fobia a los actos públicos, Adán nunca dio el discurso para ser miembro incorporado, se mantuvo como miembro electo y como tal, ya pasado los años – lo sabemos hoy por el libro Cartas escogidas de Martín Adán, editado por Andrés Piñeiro - , se mostró a gusto, agradeció las felicitaciones extendidas por De lo barroco en el Peru (“cumplo a mi vez con manifestarle a esa ilustre corporación, de la que soy modesto miembro, mi sincera gratitud por tan generosa y estimulante felicitación”) y transmitió su adhesión a las propuestas de incorporación a la Academia de Francisco Miró Quesada Cantuarias (“conozco su talento y erudición y su generosa inquietud por difundir la cultura como maestro”), Guillermo Lohmann Villena (“sólo puede aportar a la Academia su sabiduría y su honestidad”), Javier Sologuren (“por los méritos de autor y promotor”) y Alberto Escobar (“por los muy grandes méritos como escritor y maestro”).

La sorpresa inicial, entonces, se torna grata y la relación entre el poeta y la Academia transcurre con normalidad. Solo el caso de Luis Alberto Sánchez, con quien siempre tuvo una relación dispar: “tan formalmente enemigos en lo político como entrañablemente amigos en lo personal”, supuso aparentemente, después de mostrarse claramente a favor de su incorporación, un intento de renuncia. Les escribió: “Que por penosos motivos personales que son de conocimiento público y por constar en publicaciones recientes, me siento obligado, expresada ya mi opinión, a renunciar a mi condición de miembro electo de la Academia, pues mi comparecencia formal con los autores de dichas publicaciones sería moral y socialmente inadmisible.” Pero Aurelio Miró Quesada, director de la Academia en esos años, no se la aceptó ya que como Miembro de Número electo – le recordó – tenía los mismos derechos que el resto (Jorge Valverde).


Escrito por

Isegoria

Sobre la vigencia de autores, su conexión con nuestro medio y, por ello, su valor público, económico y social


Publicado en

Barranco de cartón

Sobre Martín Adán, su relación con Barranco, Lima y Cusco.